• ¿Te enfermaste? No te habrás cuidado como corresponde. ¿Te cagaron? Elegís mal a las personas. Esto últimamente está muy de moda escucharlo, y en muchos casos es verdad, pero no en todos. Y es muy muy peligroso y es una forma de maltrato importante, aunque sutil, pensar que la culpa de todo lo malo que nos pasa es nuestra. Obviamente es perfecto el autoconocimiento y tomar responsabilidad por muchas de las cosas que nos pasan. Pero a veces te toca una enfermedad, y no hay nada que podrías haber hecho o que podrías hacer para que eso no pase. Y muchas otras veces alguien te caga, y ya. No se trata de que elijas mal a las personas.

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    Hay cosas que nos pasan porque elegimos mal.
    Y otras que nos pasan… porque pasan.
    No todo se puede prevenir, trabajar o resignificar.
    A veces simplemente te enfermás.
    O alguien actúa mal.
    Pensar que absolutamente todo depende de vos no es madurez, es un error.

    A veces, es justificar a alguien que te hizo daño.

    Y siempre es crueldad disfrazada de ayuda o autoayuda.

  • ¿Te pasa que en tu vida todo funciona bien, pero sin embargo vos te sentís mal? Todo está estable, tenés vínculos, tenés trabajo, no hay drama, no hay tragedia, pero tenés de manera constante una especie de insatisfacción sorda. Bueno, lo primero que hay que hacer es no invalidar esa sensación. Si te sentís mal, te sentís mal. En la era del positivismo, ya sabemos que ese tipo de positivismo no funciona. Entonces, lo primero es validar eso. Después, verás, quizás esa insatisfacción responda a algo que en el fondo está mal, pero no lo estás viendo, o muy probablemente responda a algo que no está. A alguna carencia, a algo que en realidad en tu vida estás necesitando, más allá de lo funcional, y no lo tenés. Si no tapás esa insatisfacción, vas a poder descubrirlo rápidamente. Quizás solo o sola, quizás con algún proceso de tipo terapéutico, o de desarrollo personal, o de lo que fuere. Pero lo más importante es, si te sentís mal, aunque todo parezca estar bien, dale pelota. No lo tapes.

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    Todo parece estar bien, pero no.

    Hay momentos en los que no hay drama, no hay caos, no hay nada grave.
    Y aun así, hay algo que no cierra.
    Una insatisfacción sorda, persistente, que no se puede justificar.
    Y como no tiene causa visible, se tiende a minimizar.

    Pero el malestar sin motivo también es real.
    Y muchas veces es una señal:
    de que algo que importa no está.
    De que lo esencial quedó afuera de lo funcional.

    Escuchar eso no es debilidad.
    Es empezar a estar.

  • Sigamos hablando un poco de límites. Obviamente hay una manera buena de poner límites, comunicación asertiva, todo lo que ya sabemos. No es el tema de hoy. Es un tema interesantísimo, pero no es el de hoy. Lo que quiero decir es lo siguiente. Incluso poniendo los límites un poquito mal, porque cuando uno no está acostumbrado a hacerlo, suele irse medio para el otro lado por inseguridad y por inexperiencia en poner límites, y por ahí no dice las cosas de la mejor manera, es normal y natural que el entorno se sorprenda o incluso se enoje un poquitito. Puede enojarse un poquitito porque no usaste la mejor forma, o puede sorprenderse porque no está acostumbrado a que vos pongas límites. Eso es natural. Hasta ahí estamos bien. Ahora, si esas personas siguen enojadas o sin querer aceptar esta novedad de que vos pongas límites, ese ya es otro tema. ¿Es natural que tu entorno se sorprenda, no entienda, incluso se enoje un poquito? Sí, pero le tiene que durar poco. Si eso se sostiene en el tiempo, lamentablemente tengas probablemente que replantearte el hecho de que esas personas sigan formando parte de tu entorno, porque nadie debería permanecer enojado porque vos simplemente no querés que vulneren tus límites.

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    A veces no es el límite lo que molesta, sino que ya no seas la persona sin límites.

    Cuando alguien empieza a autorrespetarse, a marcar un borde que antes no estaba, muchas veces genera una especie de mini terremoto en su entorno. No es que hiciste algo grave: simplemente cambiaste una forma de estar. Y sí, puede descolocar.
    Pero el desconcierto tiene que pasar rápido. Si no pasa, si se vuelve enojo crónico, si hay resistencia persistente… eso no es solo una mala reacción, es un dato.
    Porque no se puede sostener el respeto por uno mismo adentro de un ecosistema que lo combate.

  • Todos conocemos lo feo y lo traumático que puede llegar a ser que te hagan lo que hoy se llama ghosting, que es en una relación afectiva donde aparentemente está todo bien, desaparecer sin decir nada. De lo que se habla poco es de que muchas veces las personas que desaparecen así no saben por qué lo hacen. No es solo que desaparecen y no te dicen por qué, es que no saben por qué o no quieren saberlo. El típico caso, tenés una amiga que empieza a salir con un chabón casado pero que le promete que se va a separar pasado mañana, el tiempo pasa, ella sigue sufriendo, se tiene que esconder, él le sigue mintiendo, no se separa, ella sigue con él, pero te deja de ver a vos. ¿Qué pasa en ese caso? Verte a vos es el reflejo de lo que no quiere, es el espejo de lo que no quiere ver. Pero probablemente ella no se dé por enterada, no lo sabe, digamos. En otras situaciones la persona simplemente desaparece por vergüenza, te hizo daño, te volvió a hacer daño y en lugar de enfrentar la situación, dar la cara, venir y decirte disculpame que te hice daño aunque no sepa por qué o no fue mi intención o lo que fuere, por vergüenza o comodidad o lo que sea, desaparece. En fin, por supuesto si alguien te hace daño, te hace daño y está todo re mal. Y eso no invalida nada de lo que sientas ni la bronca que puedas llegar a tener y lo mal que se comportó la otra persona. Pero está bueno saber que a veces, a veces, las mismas personas que desaparecen, no se llegan a dar cuenta de por qué lo hacen.

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    A veces la persona que te ghostea no sabe por qué lo hace.

    No es que no te dice por qué.
    Es que a veces ni lo tiene claro.
    No lo pensó. No lo revisó. No lo soporta.
    No se banca lo que vos le espejás.

    En muchos casos, no es estrategia ni desprecio:
    es vergüenza, incomodidad, huida interna, cobardía.
    Hay quien desaparece porque volver sería verse.
    Y verse implica una culpa o una contradicción que no puede digerir.

    Eso no borra el daño que te hizo.
    Ni la bronca que tenés.
    Pero entender que no todo ghosting es cínico,
    te puede liberar de quedarte esperando una versión que no va a llegar.

    #Sin autoengaño no hay autodaño

  • En Poner límites no es violencia surgieron algunos comentarios. Mucha mención de suegras. Y una persona comentó que a veces ponés los límites mal, porque te hinchaste las pelotas de sus agresiones. Totalmente. En Poner límites no es violencia hablé de cuando pones un límite bien para no dar lugar a confusiones o a diferentes factores. Pero la realidad es que la mayoría de las veces también, lo que pasa, primero que no todos nacimos con el manual de la comunicación asertiva bajo el brazo. Y segundo, que uno aunque no quiera darse cuenta, ya intuye que la otra persona no se va a bancar un límite, no va a tolerar que no hagas lo que ella quiere.

    Entonces eso internamente te violenta. Pensar en hablar con esa persona para comunicarle un límite naturalmente no es natural. Y suele no ser ni natural, suele salir de mala manera. Lo cual es completamente comprensible por el mecanismo que acabo de explicar.

    ¿Qué pasa ahí? La persona a la que le pusiste el límite se agarra del mal modo y una vez más desvía el eje. Bueno, obviamente, no te dejes confundir por eso. Si te das cuenta de que hablaste de mal modo, se puede subsanar diciendo lo mismo de buen modo. Y punto. El límite es el límite.

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    El límite sigue valiendo.
    Este reel salió a partir de un comentario que dejaron en TikTok sobre Poner límites no es violencia.

    No todos nacimos con el manual de la comunicación impecable bajo el brazo.
    A veces el límite te sale de forma torpe, desprolija, con tono de hartazgo.
    ¿Y sabés qué? Es comprensible. Cuando te vienen vulnerando hace rato, no siempre sale suave.

    Si notás que hablaste mal, podés pedir disculpas. Pero disculpas por el modo, no por el contenido.
    El límite sigue valiendo.
    No dejes que se desvíe el eje.

    #SinAutoengañoNoHayAutodaño
    #vinculossanos #manipulacionemocional #limitessanos #autocuidado #autorespeto 
    #psicologiaemocional #comunicacionasertiva

  • A veces en tu pareja, familia, grupo de amigos o de trabajo hay algo que está claramente mal y de lo cual nadie habla. Si a vos se te ocurre nombrarlo, escándalo. Sos mala onda, arruinás el momento. ¿Desde cuándo se volvió peor hablar de un problema que el problema en sí mismo? Vos lo único que hiciste fue prender la luz sobre algo que ya estaba ahí. Por supuesto que hablar de un problema no solo no es malo, es bueno y es sano. Lo que es malo es el problema en sí mismo y lo peor es que todos hagan como si nada pasara. Este es un mecanismo bastante conocido y bastante viejo, el de matar al mensajero, atribuyéndole la responsabilidad de lo que está pasando. Si vos estuviste en alguna situación de abuso, sabés que ahí también está el corazón del asunto. El problema no es lo que te hacen, el problema es que vos hables. Hablar es verdad que te puede traer quilombo, pero si no hablas, primero el problema por supuesto va a persistir forever, pero además te vas a enfermar y te vas a sentir muy solo. Hablar de un problema es lo mejor que podés hacer.

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    A veces no hace falta hacer nada malo para convertirte en el enemigo. Solo abrir la boca.

    Fingir demencia, negar lo evidente: todavía hay mucha gente que no entiende que eso es pan para hoy y hambre para mañana.

    El silencio colectivo es un pacto tácito. No para proteger a alguien, sino para sostener una fachada. Para zafar de la incomodidad, del miedo o del conflicto real.

    En esos entornos, hablar no es solo un problema: es una amenaza al equilibrio trucho que todos hacen fuerza por mantener.

    Pero vivir anestesiado no es vivir en paz.
    Y sostener vínculos donde decir la verdad te convierte en el enemigo… tampoco.

    No les creas: no estás haciendo lío.
    Estás haciendo espacio para la verdad.

    Nombrar lo que pasa no es armar quilombo.
    Es intentar que algo no te destruya por dentro.

    #SinAutoengañoNoHayAutodaño

  • Hay personas a las que si les pones un límite, se hacen las heridas. Te dicen que las maltratás, que las agredís, que las lastimas. Pero, bancá, vos únicamente estás poniendo un límite. Un límite tranqui, sin gritos, sin castigos, sin humillación, todo bien. Pero claro, si están acostumbradas a que todo se les permita, cualquier límite les parece un ataque. No toleran que vos te corras de un lugar feo en el que te ponen, que no accedas a algo, que digas esto sí, esto no, o lo que fuere. Entonces, hacen algo súper efectivo, que es acusarte a vos de ser agresivo. Esta es una forma muy común de manipulación emocional. Porque claro, vos no entendés muy bien lo que está pasando, te empezás a defender, a tratar de explicarte, y ya está, se desvió el eje. Es muy importante entender que poner un límite no es algo violento. Violencia es negar el derecho al límite ajeno.

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    Hay personas que se sienten con derecho a todo: a tu tiempo, tu energía, tu silencio, tu presencia, tu dinero.
    Cuando se topan con un límite no lo leen como un acto de autocuidado de tu parte, sino como un ataque personal hacia ellas.

    Pero el problema no es que pongas el límite mal. El problema es que creen ser merecedoras de lo que sea que  les venga en gana.

    Y si es la primera vez que trazás un límite… mucho peor.

    No entres en esa trampa de tener que justificar lo que no necesita explicación.
    Hacer una pataleta y acusarte de agresivo, eso sí es violencia.

    #SinAutoengañoNoHayAutodaño

  • Falsas disculpas

    Hay veces que nos piden disculpas y en lugar de sentir alivio o reparación, sentimos bronca. Eso no es casual. Hay disculpas que son formas disfrazadas de agresión. Ejemplo clásico. Te pido mil dis… Te pido mil disculpas, no me di cuenta de que con tu sensibilidad te podía caer mal lo que hice, o lo que dije. Eso no es una disculpa, eso es una manera pedorra de decir el problema sos vos. Una disculpa real, una disculpa verdadera reconoce lo que se hizo o dijo, reconoce el daño que eso puede haber causado, y sobre todo no transfiere la responsabilidad. No se busca perfección o autoflagelo de parte del que está pidiendo disculpas, pero sí autenticidad. Si cuando te piden disculpas vos en lugar de sentirte bien te sentís medio mal, 99,9% es una disculpa trucha.

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    Hay disculpas que agregan bronca o dolor al daño original.

    Porque no son disculpas posta.

    Pueden tener buen tono, pueden llevar la palabra “disculpa” en el discurso, pero en el fondo son un ninguneo. O peor: no sólo no se hacen cargo del daño que te hicieron, sino que te endilgan a vos el problema, por ser demasiado sensible o hacer drama por cualquier cosa.

    Y lo más perverso es que, si osás decir algo al respecto, sos susceptible, exagerado y mala onda.

    Creele a lo que sentís: ante una disculpa, tendrías que sentirte bien. Si no es así, tal vez sea momento de revisar ese vínculo.

    #SinAutoengañoNoHayAutodaño

  • Víctimas cruzadas

    Hay veces en que nos sentimos mal, y la persona que tenemos al lado, amigo, amiga, pareja, también. Estamos los dos siendo y sintiéndonos víctimas de algo. Estamos los dos necesitando que el otro nos ayude, nos acompañe, nos contenga, etc. Solución, sé vos el que da el primer paso. ¿Por qué yo? Me preguntarás. Porque si no te vas a quedar esperando para siempre, te contestaré. Es importante salir de la situación de ego, de yo no. ¿Por qué yo? Tiene que ser el otro. Pensando en modo rivalidad, no hay vínculo bueno que se sostenga en el tiempo. No hay manera. Entonces, hay que hacer de tripas corazón, y dar ese primer paso. Eso, si el vínculo se sostiene, se transforma en un círculo virtuoso casi de manera inmediata. Si no querés hacerlo, si estás empecinado en que sea el otro el que dé ese primer paso, probablemente el vínculo no te importe tanto, y no está para nada mal, pero no te mientas.

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    Tener razón no alcanza si nadie hace algo distinto.
    A veces no hay un “culpable”. Solo dos personas desbordadas, pidiendo algo que el otro no puede dar.
    Si nadie da el primer paso, el vínculo se pudre en loop.

    No se trata de justicia, sino de estrategia afectiva.
    Si querés seguir ahí, alguien tiene que moverse.

    Sin autoengaño no hay autodaño.