Hay personas a las que si les pones un límite, se hacen las heridas. Te dicen que las maltratás, que las agredís, que las lastimas. Pero, bancá, vos únicamente estás poniendo un límite. Un límite tranqui, sin gritos, sin castigos, sin humillación, todo bien. Pero claro, si están acostumbradas a que todo se les permita, cualquier límite les parece un ataque. No toleran que vos te corras de un lugar feo en el que te ponen, que no accedas a algo, que digas esto sí, esto no, o lo que fuere. Entonces, hacen algo súper efectivo, que es acusarte a vos de ser agresivo. Esta es una forma muy común de manipulación emocional. Porque claro, vos no entendés muy bien lo que está pasando, te empezás a defender, a tratar de explicarte, y ya está, se desvió el eje. Es muy importante entender que poner un límite no es algo violento. Violencia es negar el derecho al límite ajeno.

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Hay personas que se sienten con derecho a todo: a tu tiempo, tu energía, tu silencio, tu presencia, tu dinero.
Cuando se topan con un límite no lo leen como un acto de autocuidado de tu parte, sino como un ataque personal hacia ellas.

Pero el problema no es que pongas el límite mal. El problema es que creen ser merecedoras de lo que sea que  les venga en gana.

Y si es la primera vez que trazás un límite… mucho peor.

No entres en esa trampa de tener que justificar lo que no necesita explicación.
Hacer una pataleta y acusarte de agresivo, eso sí es violencia.

#SinAutoengañoNoHayAutodaño

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