En Poner límites no es violencia surgieron algunos comentarios. Mucha mención de suegras. Y una persona comentó que a veces ponés los límites mal, porque te hinchaste las pelotas de sus agresiones. Totalmente. En Poner límites no es violencia hablé de cuando pones un límite bien para no dar lugar a confusiones o a diferentes factores. Pero la realidad es que la mayoría de las veces también, lo que pasa, primero que no todos nacimos con el manual de la comunicación asertiva bajo el brazo. Y segundo, que uno aunque no quiera darse cuenta, ya intuye que la otra persona no se va a bancar un límite, no va a tolerar que no hagas lo que ella quiere.

Entonces eso internamente te violenta. Pensar en hablar con esa persona para comunicarle un límite naturalmente no es natural. Y suele no ser ni natural, suele salir de mala manera. Lo cual es completamente comprensible por el mecanismo que acabo de explicar.

¿Qué pasa ahí? La persona a la que le pusiste el límite se agarra del mal modo y una vez más desvía el eje. Bueno, obviamente, no te dejes confundir por eso. Si te das cuenta de que hablaste de mal modo, se puede subsanar diciendo lo mismo de buen modo. Y punto. El límite es el límite.

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El límite sigue valiendo.
Este reel salió a partir de un comentario que dejaron en TikTok sobre Poner límites no es violencia.

No todos nacimos con el manual de la comunicación impecable bajo el brazo.
A veces el límite te sale de forma torpe, desprolija, con tono de hartazgo.
¿Y sabés qué? Es comprensible. Cuando te vienen vulnerando hace rato, no siempre sale suave.

Si notás que hablaste mal, podés pedir disculpas. Pero disculpas por el modo, no por el contenido.
El límite sigue valiendo.
No dejes que se desvíe el eje.

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